Doble amarillo terciopelo golden
2026
Instalación site-specific para Provisional 23
Texto de Pedro Huidobro
I)
Cuando era pequeño, venía a comer todos los fines de semana a esta casa. El portal casi siempre
estaba abierto, y yo solo tenía que recorrer el pasillo de la entrada y esperar a que me abrieran la
reja de abajo con el telefonillo. Doblaba el recodo y subía las escaleras. Había una luz cálida,
amarillenta, que dejaba paso a una luz de exterior a medida que iba subiendo. Mi abuela me
esperaba arriba asomada a la barandilla. Mientras la comida se preparaba yo me sentaba a charlar
con mi abuelo en uno de esos silloncitos modestos como los que habría en una casa típica de
abuelos como era la de mis abuelos; estaba hecho de una gomaespuma que te hacía hundirte
hasta casi abrazarte cuando te sentabas en él y por fuera lo recubría una tela color burdeos que
quería imitar un cuero caro que solo podía permitirse una familia de una posición social elevada. De
fondo sonaba uno de esos documentales aburridos en la televisión que amenizaban los sorbos que
le daba mi abuelo al chiquito de vino barato, y por las ventanas seguía entrando luz, una luz de casa.
Recuerdo que nunca escuchaba lo que me decía mi abuelo, yo mantenía la mirada fija en cualquier
punto fijo que tuviera de frente, y eso me bastaba para sentirme a gusto. Por la casa había
repartidas todo tipo de baratijas, muchas de ellas compartían ese gusto por la estética de
manufactura industrial, de plasticucho que juega a falsear la textura de la plata o del oro. Y aunque
no tenían valor ninguno, el apego que sobre ellas tenían mis abuelos y el cuidado con el que las
habían tratado –exhibiéndolas y seleccionando la ubicación exacta del apartamento en que querían
que fueran vistas como si formaran parte de una cuidada colección de arte– las revestía de un valor
mucho mayor del que pudieran tener en origen. En las casas como esta la decoración a partir del
souvenir y la imitación era un fundamento inherente a la sensación de acogimiento. El lujo
intencionalmente fingido (y necesariamente obligado por una determinada realidad social) permitía
recrear una estética que captaba muy finamente la síntesis entre lo suntuoso y lo modesto, entre lo
sofisticado y lo precario, como una suerte de palacete de antiguallas, no solo inservibles sino falsas,
en el que se revelaba una desconexión entre forma y realidad como la que a menudo se identifica
con el estilo kitsch.
II)
En la ceremonia que la familia Ponteleone de El Gatopardo celebra en su palacio de Sicilia, se puede
apreciar una de las escenas de la literatura más evocadoras de la decadencia. Entre escayolas
agrietadas, candelabros, tapices y muebles monumentales (que) recordaban (a) una magnificencia ya
sin función se celebra un baile que reúne a una aristocracia que está dividida entre aquella antigua 1
que desde hacía tiempo había mantenido un linaje que parecía llegar al borde del colapso y una
nueva, la que traía el Risorgimento, que iba a ser la encargada de ocupar los asientos vacíos de sus
predecesores. Y, quién sabe si para volver más irónica la estampa, de entre todo el gentío aparece
un oficial al que se le da voz para que cuente cómo él está convencido de lo exitosa que resultará la
transición al nuevo orden. La anécdota se torna un elemento poético si la enfocamos una vez más
desde el enfrentamiento de la realidad y lo formal, o sea del enfrentamiento entre lo que realmente
es con lo que debiera ser: la antigua aristocracia desaparece pero hay otra que, aun no siendo esa
misma, es capaz de actuar como tal.
A propósito de los italianos, la poesía futurista, enemiga de lo antiguo, era una poesía del golpe. Sus
palabras eran ruidosas, estridentes, y su razón de ser era el impacto. Salpicaban de imágenes la
conciencia de quien las leyera y saltaban de una situación a otra sin ton ni son más que por la
emoción de evocarlas. Desdibujaban una realidad homogénea para despedazarla en muchas. La
realidad eran fragmentos separados, arrancados de sí hasta que de pronto tenían un encontronazo
en la mente del lector. Aquí ya no se trataba de armonizar el un nuevo orden con el antiguo, sino de
regocijarse en el nuevo mundo de la modernidad que se había asentado gracias a los avances
Tomasi di Lampedusa, Giuseppe, El Gatopardo, traducción de Fernando Gutiérrez, Biblioteca de Autor – 1
Fundación Telefónica, Barcelona, Círculo de Lectores, 1999.
tecnológicos, en industria, armamentística, mecánica y maquinaria en general de principios del siglo
XX.
III)
La precariedad y desechabilidad del material y la manipulación del ambiente (luz, olor y ruido) son
los dos ejes en torno a los que se articuia esta exposición. El conjunto se remite como ficción
intencionada, un escenario diseñado para el fingimiento a partir de unos materiales que actúan
como lo que no son y toman como esencia contradicciones estéticamente conjugadas: lo lujoso se
alterna con lo decadente o lo sofisticado con lo mediocre.
Los cartones aterciopelados de Pablo Capitán del Río son eso, cartones, diseñados para absorber
el polvo y cubrir el suelo y las paredes durante las obras, con la salvedad de que, en lo formal, la
pieza ha sido pinta de tres colores para repetir el patrón de las telas de terciopelo. A partir de ahora
el cartón ya no es un simple cartón de obra, si no que ha redefinido su función a partir de la
apariencia. Esta metamorfosis del material se hace más patente cuando el hecho de pisar y andar
sobre esta alfombra de terciopelo hace que, una vez visto, no pueda volver a verse igual: el dorado
que se revela al ir se convierte en marrón cuando se vuelve la vista y al revés.
Extraídas de una máquina Dymo, Pablo Capitán del Río ha clavado unas frases en dos paredes del
edificio, Son frases que ha ido recogiendo a lo largo de los años frases que aparecen y se cruzan.
Todas ellas tienen una capacidad escénica, porque abren un espacio de figuración. Con ellas se
puede construir una situación de golpe, casi como a modo de revelación instantánea. Hacen de
pretexto para rebuscar en la memoria, encadenar pensamientos y mantenerse en la divagación y el
pensamiento distraído. Sus enunciados pueden llegar a provocar cierta sensación de identidad en
quien las lee, remitiendo a lugares comunes que somos capaces de imaginar.
Doble amarillo terciopelo golden es un sitio o muchos a la vez. Tantos como imágenes se
desprendan de sus frases, y tantos como los que el espacio sea capaz de sugerir. La propuesta se
explica desde la especificad de un lugar que es intervenido para imaginar uno nuevo en donde
quepa la posibilidad de redefinir la percepción del espacio con tan solo orientar el ojo y en donde la
estabilidad formal de lo que se ve esté amenazada por un sensación de anomalía constante.





















