Chema González

 

En un simple ejercicio taxonómico , podríamos decir que los objetos son cosas, pero que las cosas no siempre son objetos. Los objetos son físicos, tangibles, forman nuestro día a día material. Las cosas, cuando no son objetos son fenómenos,  situaciones,  forman nuestro mundo eventual. Los objetos se comprenden con sólo mirarlos, a lo sumo es suficiente una mera descripción.  En cambio, el significado de las cosas rara vez es entendido en su enunciación verbal. Explicar las cosas en palabras es una tarea infructuosa que repetimos cotidianamente; explicar las cosas con objetos es otra tarea infructuosa, pero realizada esta vez por Pablo Capitán.

La propuesta es más compleja de lo que parece. Hasta Duchamp y Benjamin, la identidad de la obra de arte responde a un artefacto cuya calidad y técnica la elevan de la banalidad material y la separan del estado transitorio de las cosas. Tras las neovanguardias se inicia un proceso de devaluación de esta distinción y no sólo se pretende reintegrar el artefacto en el mundo de la producción , sino también la presentación de éste en la experiencia contingente de la cosa; piénsese en Beuys y el povera. El caso de Capitán es otra vuelta de tuerca más: verbalizar tal contingencia y caducidad a través del mismo trabajo técnico que otrora caracterizara la obra de arte.

Existe una recurrencia deliberada a técnicas obsoletas, como la talla lenta y preciosista de la mina de un lápiz que imita al mondadientes junto al que se exhibe, o las espigas, elementos sustentantes de rejas en puertas y ventanas, sin función y trabajados con una perfección inusitada en alabastro. Si bien esta vuelta al oficio ha sido sometida a un desplazamiento lingüístico, el de contar la trivialidad con las maneras nobles de un acto en extinción, el de la escultura en su estado mas clásico.

Esta postura conduce a la aporía y a la ironía, como sucede en la accidentada rueda de paralítico, en la quietud de una mecánica que debiera estar en movimiento perpetuo, en la inestabilidad de un pulso físico sin elementos de unión o en La mano se corta en su mano; la voz le ruge al oído, donde el grafismo en la pizarra indica el pensamiento del movimiento y los remos de hierro, frágiles y unidos entre sí dentro del maletín, su imposibilidad.

(english version)

In a simple taxonomic exercise, we might say that objects are things, but things are not always objects. Objects are physical, tangible and  form our material day to day. When they are not objects, things are phenomena, situations, and form our occasional world. Objects can be understood only by looking at them, at the most a mere description is enough. The meaning of things, however, can be rarely be understood in their verbal enunciation. To explain things in words is a fruitless task we repeat everyday; to explain things with objects is another fruitless task, but this time it is done by Pablo Capitán. The proposal is more complex than it seems. Until Duchamp and Benjamin, the identity of the work of art was that of an artifact whose quality and technique raised it above material banality and separated it from the transitory state of things. After the new avant-gardes this distinction began to be devalued and there was not only an attempt to reinsert the artifact in the world of production , but also to present it in the contingent experience of things – consider Beuys and povera. The case of Capitán is another turn of the screw: to verbalize this contingency and expiry through the same technical process that formerly characterized the work of art.

There is a deliberated recurrence to obsolete techniques, like the slow, elaborate sharpening of a pencil imitating the thoothpick beside which it is exhibited, or the spikes, the supporting elements of railings on doors and windows, with no function and worked with exceptional perfection in alabaster, although this return to craftsmanship has been subjected to the linguistic shift of relating triviality with the noble manners of an act in extinction, that of sculpture in its most classic state.

This posture leads to aporia and irony, as occurs in the broken wheel of a paralytic , in the stillness of a mechanics that should be in perpetual movement, in the inestability of a physical pulse with no joining elements or in The hand is shortened in his hand ; the voice roars him in ear , where the writing on the blackboard indicates the thought of the movement and the fragile iron oars, joined together inside the briefcase, their impossibility.

ISBN: 978-84-8266-755-3

 

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